Primer plano en blanco y negro del ojo de un caballo

Curiosidades y mitos de los caballos

Convivimos con los caballos desde hace milenios y seguimos repitiendo cosas sobre ellos que son falsas. Otras, que suenan a leyenda, resultan ser ciertas.

Aquí van unas cuantas de cada tipo. Algunas son simple curiosidad; otras explican por qué se manejan como se manejan, y esas son las que de verdad vale la pena saber.

Cómo ve, oye y respira un caballo

Ve casi en círculo, pero tiene dos puntos ciegos

Con los ojos a los lados de la cabeza, el caballo abarca en torno a 350 grados. Lo que no ve son dos zonas concretas: justo delante de su nariz y justo detrás de la grupa.

De ahí salen dos normas de manejo que parecen supersticiones y no lo son: acercarse por el hombro y no por detrás, y entender que un caballo que baja la cabeza ante un obstáculo lo está haciendo para poder verlo.

Mito: los caballos ven en blanco y negro

Falso. Tienen visión dicromática: distinguen bien los azules y los verdes, y en cambio confunden los rojos y los naranjas con los tonos de alrededor. Ven color, simplemente no todos los que vemos nosotros.

No puede respirar por la boca

El caballo es un respirador nasal obligado: la posición de su epiglotis hace que el aire entre solo por los ollares. Por eso una obstrucción nasal importante es un asunto serio, y por eso también se le miran tanto los ollares al valorar un esfuerzo.

Las orejas apuntan a lo que le importa

Cada oreja mueve alrededor de diez músculos y gira casi ciento ochenta grados, de forma independiente de la otra. Leer hacia dónde apuntan es de lo más útil que se puede aprender: te dicen a qué está atendiendo antes de que reaccione.

El aparato digestivo, que explica casi todo

No pueden vomitar

Es cierto, y no es un detalle menor. La disposición del esfínter entre esófago y estómago, junto al ángulo con el que uno entra en el otro, hace que el caballo no pueda devolver lo que ha comido.

Esa es la razón de fondo por la que el cólico es tan grave en esta especie, y por la que un acceso accidental al saco de pienso se considera una urgencia. Todo lo que entra tiene que recorrer el camino entero.

Mito: con hierba y alguna zanahoria ya está

El caballo come entre el 1,5 % y el 2 % de su peso al día en materia seca, y necesita masticar muchas horas, no atiborrarse en dos comidas. Un caballo de 500 kilos son unos siete kilos y medio de forraje diarios como mínimo. Lo desarrollamos en cómo elegir el pienso.

Los dientes crecen durante toda la vida

Van emergiendo continuamente para compensar el desgaste de masticar forraje. Cuando ese desgaste es irregular aparecen puntas afiladas que hieren la mejilla, y ahí empiezan muchos problemas que se atribuyen al carácter o a la embocadura.

Es también lo que permite estimar la edad de un caballo mirándole la boca, aunque la fiabilidad baja bastante a partir de los quince años.

Sabe lo que no debe comer, casi siempre

Un caballo con buen pasto evita por instinto la mayoría de las plantas tóxicas, porque le resultan amargas. El problema es que algunas pierden el amargor al secarse en el heno pero siguen siendo tóxicas: las plantas tóxicas del prado.

Dormir, correr y reconocerte

Dos caballos en un prado verde, uno de pie y otro tumbado
Un caballo tumbado en el prado no está enfermo: está durmiendo de verdad.

Mito: los caballos duermen de pie

A medias. Pueden dormitar de pie gracias a un sistema de bloqueo de la rótula que les permite descansar sin esfuerzo muscular, y es una herencia de presa: el que duerme de pie sale corriendo antes.

Pero para el sueño profundo necesitan tumbarse, y lo hacen solo unas horas a la semana, repartidas en ratos cortos. Un caballo que nunca se tumba —porque el box es pequeño, la cama insuficiente o no se siente seguro— acaba con falta de sueño real.

Así que ver un caballo tumbado en el prado, tranquilo y relajado, no es motivo de alarma: es buena señal.

Su espejuelo es como una huella dactilar

La placa córnea de la cara interna de la pata tiene una forma única en cada caballo y se mantiene estable a lo largo de su vida. Se ha usado para identificar ejemplares antes de que existieran el microchip y los documentos actuales. De qué son y cómo se cuidan, en los espejuelos y espolones.

Mito: los caballos blancos

Casi todos los «caballos blancos» son en realidad tordos. Nacen oscuros —negros, castaños o bayos— y van encaneciendo con los años hasta parecer blancos. El blanco verdadero, con piel rosada y ojos oscuros, es muy poco frecuente.

No tiene clavícula

La extremidad anterior del caballo no se articula con el esqueleto del tronco: va sujeta por un entramado de músculos y tendones que funcionan como una hamaca. Esa suspensión muscular es lo que amortigua el galope, y también lo que explica que la musculatura del delantero se resienta tan pronto cuando algo no va bien.

Reconoce caras, voces y estados de ánimo

Varios estudios apuntan a que los caballos distinguen expresiones faciales humanas, recuerdan a personas concretas después de meses y asocian una voz con una cara. Cualquiera que haya visto a un caballo cambiar de actitud según quién entre en la cuadra lo firmaría sin necesidad de estudios.

Tres mitos de cuadra que conviene enterrar

  • «Hay que soplarle en la nariz para que te conozca». No hace falta. El caballo te identifica de sobra por el olor, la voz y la forma de moverte. Soplarle a un caballo desconocido, con la cara pegada a la suya, es sobre todo una forma de llevarte un susto.
  • «Una embocadura más dura da más control». Lo que da control es la doma y una mano que sabe. Una embocadura más severa en manos duras produce defensas en pocas semanas.
  • «Los premios los malacostumbran». Depende de cómo se usen. Dados con criterio —y no cada vez que el caballo lo pide— son una herramienta de aprendizaje perfectamente válida. En golosinas y premios hay opciones formuladas para ellos, que no es lo mismo que darles cualquier cosa de la despensa.

Y una última, que no es mito sino consejo: buena parte de lo que hay en este artículo se aprende mirando. el cepillado diario es el rato del día en el que más se ve de un caballo, y el que más gente se salta con prisa.

Preguntas frecuentes

¿Es verdad que los caballos no pueden vomitar?

Sí. La disposición del esfínter entre el esófago y el estómago, y el ángulo con el que uno entra en el otro, impiden que el caballo devuelva lo que ha comido. Es la razón de fondo por la que los cólicos son tan graves en esta especie y por la que un acceso accidental al pienso se considera una urgencia.

¿Los caballos duermen de pie?

Dormitan de pie gracias a un sistema de bloqueo de la rótula que les permite descansar sin esfuerzo muscular, pero para el sueño profundo necesitan tumbarse. Lo hacen unas pocas horas a la semana, en ratos cortos. Un caballo tumbado y relajado en el prado no está enfermo: está durmiendo de verdad.

¿Los caballos ven en blanco y negro?

No. Tienen visión dicromática: distinguen bien los azules y los verdes, y confunden los rojos y naranjas con los tonos de alrededor. Además abarcan unos 350 grados de campo visual, con dos puntos ciegos: justo delante de la nariz y justo detrás de la grupa.

¿Por qué casi no hay caballos blancos?

Porque la mayoría de los que llamamos blancos son tordos: nacen oscuros y van encaneciendo con los años hasta parecer blancos. El caballo blanco verdadero, con la piel rosada y los ojos oscuros, es muy poco frecuente.

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